Es un hombre libre y de buenas costumbres. Sin temores ni supersticiones, ni dogmas inamovibles que inducen algunas filosofías religiosas.

Sin fanatismos que inducen algunas filosofías políticas. Tolerante y caballeroso. Discreto y culto. Filantrópico y benefactor. Generoso con sus alabanzas y cortés al expresarse. Fraterno y ecuánime. Es lento para ofuscarse. Rápido para olvidar. Perpetuo estudiante de sí mismo y de la historia de la humanidad. Nada le es extraño. La Historia las Artes y Ciencias Liberales son sus claves para conocerse a sí mismo y avanzar en la interpretación de la cultura y el Universo. Su atención siempre se dirige hacia lo irrefutable, lo inefable y lo sublime, pues sabe que su dilución le mostrará la Luz de Oriente. Esa luz es el gran insumo para edificar en su interior el Templo a la Virtud y la Sabiduría. El no oculta su Luz, pero no la usa como una insignia que le otorgue prestigio social; si otros la ven en él, entonces que así sea; si no, eso está igualmente bien. Sin embargo, cuando se le pregunta, comparte libremente sus escritos y su sabiduría con otros, induciendo que los otros también puedan encontrar la Luz.

Él no se manifiesta en desacuerdo con sus hermanos, sino que expresa sin mayor énfasis un punto de vista diferente, porque sabe que nadie tiene la verdad absoluta de las cosas. Si los masones podemos diferir en un primer punto de vista, también tenemos la fortuna de buscar conjuntamente la Verdad por aproximaciones sucesivas, producto del encuentro analítico que nos proporciona la Logia. Juntos y en armonía.

El paradigma masónico indica que El Masón se construye a sí mismo, nadie le impone teología ni dogmas, sino que desde su iniciación se le conduce por el camino del estudio y la virtud, teniendo la libertad de decidir a futuro el sentido de su propia evolución en busca de la verdad. Por lo tanto, el secreto de la masonería es una ventana abierta al Universo, pura y transparente, nada misteriosa ni oculta, que se presenta como una alegoría al entendimiento:

“Dejar que los que tienen oídos escuchen y los que tienen ojos, vean”.

 

Fuente: Masonería en ascenso a la verdad 2011 tomo 1 - luis alejandro yáñez-arancibia

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