Hoy, 50 años después de la llegada del hombre a la Luna recordamos las declaraciones realizadas por el segundo hombre que la pisó, Aldrin, a la revista The New Age, dejando ver la participación de la masonería en la misión:

«Cuando el hombre alcance nuevos mundos, la masonería estará allí».

Se dice que Aldrin ocultó en el interior de su traje espacial una bandera del Supremo Consejo del Grado 33°, Jurisdicción Sur de la Masonería Americana. Consta que la desplegó en la ausente atmósfera lunar –en una ceremonia que, esta vez sí, no captaron las cámaras–, pero me resultó imposible obtener precisiones acerca del destino final de la enseña: hay versiones de que Aldrin la trajo de regreso a la Tierra, para presentarla finalmente al Soberano Gran Comendador Smith; otras, aseguran que la dejó allá arriba, hincada en las rocas selenitas, y que allí sigue; y hay otras, por fin, según las cuales habría sido “rescatada” posteriormente por otros astronautas, también masones, y “repatriada”. Lo cierto es que la Biblioteca del Museo del Templo del Rito Escocés en Washington DC, sita en la Sixteen Street 1733, exhibe un pabellón que pretende ser el mismo que Aldrin llevó a la Luna.

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