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La Masonería en Colombia nació hace más de 200 años de la mano de grandes personajes relacionados con la independencia como Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, ligada desde sus inicios a los pensamientos y corrientes liberales.

El 19 de febrero de 1922 se funda la Gran Logia de la Republica de Colombia en la ciudad de Bogotá, por las Logias Propagadores de la Luz N° 53 y La Luz de Girardot N° 59, ese día se eligieron las Grandes Dignidades y Grande Oficialías, encabezando estos cargos estaban el Gran Patrono Q.·.H.·. Benjamín Herrera, M.·.R.·.G.·.M.·. el V.·.H.·. Arturo Pardo Morales y el V.·.H.·. Diputado Gran Maestro Martín Camacho Franco, y con ellos se concretaba un trabajo enorme por traer la masonería al interior del país y con ella vientos de renovación y progreso.

Poderosos e influyentes en la política, su poder oculto ha movido los hilos del país. Los masones llevan siglos de influencia en la política del país. Trabajan silenciosamente pero de una manera efectiva. Su momento de gloria fue en tiempos de la independencia con Simón Bolívar a la cabeza.

Solo en el cuarto de reflexiones y frente a los despojos mortales, el aprendiz de masón tiene su primera y más bella prueba del paso del hombre por la vida hacia el oriente eterno. Es decir, esa contradicción antagónica entre lo terrenal y humano y lo espiritual y sagrado.

El masón está obligado a obedecer la ley moral y por consiguiente sus actos deben ajustarse rigurosamente a su propia conciencia. Jamás podrá ser un ateo ni un dogmático o religioso. La tolerancia y el amor a sus semejantes deben estar presentes en todos los ángulos de su vida de relación. Debe ser hombre activo, estudioso, amante de la verdad y justo en sus conceptos y decisiones.

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