La Guerra Civil surgió en Canarias con decenas de militares formando parte de logias masónicas y sin margen de reacción para movilizarse. No era un grupo amplio aunque sí de importante graduación.

El lugar desde el que Francisco Franco arrancó su campaña para ser dueño del poder tras elaborar el «Manifiesto de Las Palmas» era un hervidero masónico. Los datos del profesor de la Universidad de La Laguna (ULL), Manuel Sánchez Paz, ponen de relieve la importancia que tenía la masonería en el ámbito institucional de las islas.

De acuerdo con los datos del Archivo de Salamanca consultados por José Ferrer Benimeli, doctor en Filosfía y Letras y experto en masonería, en las islas Canarias existirían unos 82 integrantes de esta organización en sus diferentes estructuras que eran militares. El siglo pasado registró en Canarias a un total de 1.440 militares que formaban parte de la masonería.

Verbena por José Antonio
En las islas Canarias hubo silencio sobre la presencia de masones en el Ejército. Fue una denuncia procedente de Zaragoza la que originó procesos contra mandos militares. Los informes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) puso nombre y apellidos a los sospechosos de formar parte o estar en la órbita de la masonería.


Desde septiembre de 1936 se impedía legalmente a los militares formar parte de coletivo alguno. En La Palma, sin embargo, la cúpula militar era toda masónica. En islas como La Gomera existió el caso del general Acha que intentó ser masón y no fue aceptado.

En la denuncia formulada, de acuerdo con el estudio «Militares masones en Canarias», de José Ferrer Benimeli, se señala que Acha instó retirar el retrato de José Antonio Primo de Rivera y «ordenó un baile en San Sebastián de la Gomera la noche en que se dijo que había sido asesinado en Alicante José Antonio Primo de Rivera, baile que tuvo que organizar Falange y donde el general bebió y bailó».

Los altos cargos militares canarios como Van de Walle, Armas, Foronda y Lanzarán eran grado 33, es decir, el máximo en el ritual escocés. En La Palma era comandante militar en la isla Álvaro Fernández y Fernández. En Santa Cruz de Tenerifeestaban José Trujillo Torres, que era capitán de Infantería; Rafael Peña León, teniente de Infantería que venía de la Logia de Melilla así como Leopoldo Domínguez, teniente de Infantería, José Acosta o Fernando Durán, estos dos últimos eran capitanes de las milicias canarias en La Palma. Jacinto Casariego ocupaba el rango de jefe de la Logia Añaza 270.

Pasan a ser «fallecidos» tras 193, empleando la terminología que hay depositada en el Arhivo de Salamanca, Francisco Rodríguez Sánchez, Salvador García, Javier de Loño y Pita, Enrique Romero García, José Martínez Clariana, Antonio Toribio Valle, Pío Ramos y Enrique Cuenca Rey.

Siguieron en sus puestos o fueron ascendidos Álvaro Femández Femández, José Trujillo Torres, Rafael Peña León, Leopoldo Domínguez Durán, Juan Rodríguez López, Domingo Rodríguez, Jacinto Casariego, Horacio Pérez Cruz, Juan Martínez García, Aurelio Solís, José Ramón Secchi de Angeli, Julian R. Pastrana Ballester, Luis Fraga García o León Santanach Alférez.

De acuerdo con Cristina Rodríguez Álvarez, de la Facultad de Ciencias Políticas, Sociales y de la Comunicación de la Universidad de La Laguna, en su trabajo de grado «Masonería y Franquismo. El reflejo de la represión franquista en la sociedad canaria del Siglo XXI», el mismo 18 de julio de 1936 «se ocupa el Templo Masónico de Tenerife, propiedad de la Logia Añaza 270».

«También las fuerzas militares se apropian de la casa que servía de centro de reunión en Santa Cruz de La Palma a la Logia Ábora 2». En Gran Canaria, las logias Andamana 1 y Acacia 4 «fueron completamente deshechas, pudiendo no obstante recogerse alguna documentación y efectos». Al día siguiente «se incautan los archivos y bienes de las logias de Santa Cruz de de Tenerife».

Fuente: https://www.abc.es/espana/canarias/abci-militares-masones-canarias-1936-201901022124_noticia.html

Últimas noticias

Sidebar 1