PRIMER PECADO: la doble ignorancia Si duda este uno de los pecados más graves para el masón. Es el prototipo del masón que se vuelve obtuso y cree que todo le viene por gracia divina o por favores recibidos.

Nunca tiene un mensaje convincente además de ser excesivamente negativo y, por el contrario, vive en las nebulosas al considerarse un masón exquisito y dueño de la verdad y la palabra porque alguna vez se leyó el Ritual y como no logró asimilarlo, recurre a las trampas del rumor y de la mala voluntad hacia sus Hermanos. Cree que porque sabe cómo caminar en Logia y alguna vez se enteró dónde compraba las sandalias el Maestro Hiram, se le debe rendir obediencia por sus conocimientos.

SEGUNDO PECADO: el individualismo Al igual que la ignorancia y la superstición, el individualismo es otro de los males que aquejan al masón. Un masón individualista, suele ser valorado negativamente por sus Hermanos del Taller, ya que se cree que piensa sólo en sí mismo y no le interesa qué pasa en su entorno o, en otras instancias, en su Logia o en la institución masónica. No le gusta trabajar en grupo y llega a los extremos de ser un abanderado del egocentrismo, porque él se las sabe todas. Cuando lee algo lo asimila sólo para su consumo interno, filtra los conocimientos que adquirió de Internet y se agarra de la mórbida frase: bajo, copio y pego, luego existo.

TERCER PECADO: la ceguera iniciática Este pecado recae sobre el masón que no ve nada más allá de lo que asimila cuando se indigesta con ciertos libros de autoayuda, de un esoterismo fanático y ramplón que, al final, echa por la borda los principios y el código moral masónico. Es el típico personaje que se trasmuta con el humo de las varillas de incienso y se cree un santurrón cuando lo observa alguno de sus Hermanos o evidencia la presencia de ellos. La ceguera iniciática es esa mezcla de seudo esoterismo falso conocimiento interior con cuestiones de brujería y de un conocimiento esotérico aprendido de los libros llamados ocultos y de los bestsellers de autoayuda.

CUARTO PECADO: el miedo ficticio El síndrome del miedo ficticio como decía E. Chartier Alain hace referencia al hombre que tiene miedo sin peligro, e inventa el peligro para justificar su miedo. Es el Juan sin Miedo del Taller en el léxico masónico que circula por los pasos perdidos prediciendo amenazas y frases agoreras, como aquello de que el mundo se va a extinguir, que nos vigilan los Jinetes del Apocalipsis, que nos abruma un mundo sombrío y pare de contar. El miedo ficticio es incompatible con el trabajo en el Taller masónico. Bajo esas condiciones, obviamente, jamás elevaremos templos a la virtud y calabozos para los vicios, porque tiene un doble efecto: uno, vemos cosas que no existen y que dispersan el trabajo en las Logias y, dos, esparcen una carga de negatividad en los Talleres. Como decía alguien por allí, el miedo es un sentimiento, la valentía es un comportamiento, y entre el sentimiento y el compartimiento, estamos nosotros los masones.

QUINTO PECADO: la superficialidad Este pecado alude a quien presume alcanzar objetivos, pero que jamás son justos o equilibrados. Cuando habla en Logia, abusa de su sarcasmo y no escucha la opinión de los demás. Siempre está de brazos cruzados y no hace nada para glorificar su templo interior. Este pecado es parecido a la Pereza. El masón perturbado por este pecado no admite sus errores y se siente satisfecho al no avanzar en los grados masónicos. Vive aferrado al pasado o cuando ocupó determinados cargos en el Taller. No se adapta a los cambios. Cuando presenta una Plancha al Taller y ve que nadie se considera satisfecho arranca en ira y se jacta de que está rodeado de mentes insulsas. Lamentablemente, este Hermano no conoce los niveles de la Tolerancia.

SEXTO PECADO: la prepotencia es aliada de la arrogancia, la imprudencia y la soberbia. Este pecado, hace que la persona o masón que incurra en ella, y quien además de indeciso, es indisciplinado y pierde el tiempo en banalidades. Hace caso omiso al estudio y la investigación. Se jacta de ser un superdotado. Puede tener cierta instrucción pero no es culto y allí viene el desliz que declina su balanza. Cuando puede emite un comentario irónico, sobre todo cuando un Hermano de su Taller alude cierto tema que él no comparte. Tampoco comparte su conocimiento para sentirse más importante, pero nadie vale más que otro sino hace más que otro.

SÉPTIMO PECADO: la negatividad Yo te dije que eso no iba a funcionar. Así controla sus emociones una persona negativa. Un artista genial como Groucho Marx decía: es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente. Desde el punto de vista filosófico, una persona negativa es un ser humano que no puede controlar sus sentidos. Una persona negativa es un ser lleno de prejuicios, donde predomina la estupidez antes que su lado racional. La negatividad tiene algo de la Envidia. Que nos libre el GADU de un Hermano negativo que suela llegar hasta el extremo de la soberbia.

 

M M RICARDO FRANCO BRAVO
RESP LOG SIMB LEONARDO D’ VINCI 87 N.- 109

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